Izquierda Unida Tenerife muestra su profundo rechazo al maltrato animal

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Los sucesos ocurridos el pasado sábado en el municipio de Güímar son una muestra más de la falta de control del Gobierno de Canarias en materia de maltrato animal

Perro encontrado muerto dentro de una bolsa de basura el pasado 19 de Febrero, en Güímar, tras una pelea ilegal

Santa Cruz de Tenerife a 24-02-2016. Los hechos acontecidos el pasado fin de semana en el municipio de Güímar que han consternado a la población canaria, no son más que el resultado de la ineficacia de la normativa contra el maltrato animal.

No era la primera vez que estos desalmados se reunían en el lugar para realizar tales atrocidades, según se ha podido leer en estos días en la prensa, pues los vecinos ya habían alertado en anteriores ocasiones a la Policía Local de los ruidos que salían de esa finca y además, a esto se suma la denuncia pública de una protectora del Valle de Güímar hace ocho años y por la que recibió amenazas. No obstante, el consistorio güimarero, que días después decidió dar una imagen más animalista,  parece que nunca le dio la importancia suficiente y tachó de “falsas” todas estas afirmaciones.

Esta red, que no sólo abarca el ámbito Canario, acumula de momento una treintena de detenidos, de los cuales 10 ingresarán en prisión sin fianza. Desde Izquierda Unida Canaria (IUC) en Tenerife se espera que quienes han maltratado de esta forma tan cruel a los 230 animales rescatados sean penalizados duramente por la Justicia y que esto sirva de experiencia para valorar una vez más la necesidad de una reforma para hacer una Ley contra el maltrato animal más dura y eficaz.

No se puede tolerar más maltrato animal, ni en Canarias ni en ningún otro punto de España. Los animales, seres sintientes como los seres humanos, tienen derechos que deben ser de obligado cumplimiento por parte del conjunto de la ciudadanía, recayendo la responsabilidad máxima en las instituciones competentes. El maltrato no puede ni debe ser fuente de disfrute de unos pocos sádicos y crueles especímenes, y por supuesto, no debe ser amparado por instituciones públicas ni tratado como una tradición o un desesperado intento de “preservar una especie que podría perderse”, como argumentan galleros y taurinos.